«El mundo nos parece muy vacío si solo pensamos en montañas, ríos y ciudades...
pero si alguien, en algún lugar, piensa en nosotros y siente con nosotros
pero si alguien, en algún lugar, piensa en nosotros y siente con nosotros
y, aún a la distancia, está cerca en espíritu,
la Tierra se convierte, entonces, en un jardín habitado...»
la Tierra se convierte, entonces, en un jardín habitado...»
(Goethe)
Extractos de cartas del Padre Pío
(Recopilación: P. Gianluigi Pasquale en “365 días con el Padre Pío”)
Ante las próximas fiestas de la santa Navidad, le envío, con el corazón a flor de piel y con un afecto más que filial, mi sincerísima felicitación, rogando al niño Jesús que le conceda la felicidad espiritual y temporal.
¡Acoja el niño que va a nacer mis pobres y débiles plegarias que, en estos días santos, le dirigiré, con fe más viva por usted, por todos los superiores, por el mundo entero!
¡Haga al fin descender un poco de rocío celestial a los corazones de aquellas almas afligidas! En este momento no tengo para ellas mensaje alguno que transmitirles; sólo digo que su situación es envidiable. Al verlas tan probadas, me alegro en el alma; y siento en relación con ellas una envidia santa, la de la emulación. Su situación, querido padre, sobre todo la de una de ellas, es tal en este momento que no están en situación de recibir alivio alguno, ni siquiera en las buenas palabras que yo pudiera dirigirles.
Dios ha hundido su entendimiento en las tinieblas; ha colocado su voluntad en la aridez; la memoria, en el vacío; el corazón, en la amargura, en el abatimiento, en una extrema desolación; y todo esto es motivo de grandísima envidia, porque todo está orientado a predisponer y preparar sus corazones para recibir en ellos la imagen auténtica del espíritu, que no es otra que la unión de amor.
Dios está con ellas; y, para convencerse de ello, debiera bastarles esa voluntad siempre pronta para dedicarse del todo a Dios y para actuar en su servicio y honor.