"Tener gran confianza... Quiere su Majestad y es amigo de ánimas animosas,
como vayan con humildad y ninguna confianza en sí."
Santa Teresa de Jesús
Extractos de cartas del Padre Pío
(Recopilación: P. Gianluigi Pasquale en “365 días con el Padre Pío”)
Noviembre 22
Raffaelina, ¡qué consuelo saber que estamos bajo la custodia de un espíritu celestial, que
no nos abandona ni siquiera (¡qué admirable!) en el momento en que disgustamos a
Dios!
¡Qué dulce es para el alma creyente esta gran verdad! ¿A quién puede, pues, tener miedo el alma devota que se preocupa de amar a Jesús, cuando tiene siempre consigo un guerrero tan insigne?
¿O acaso no fue él uno de los muchos que, junto al ángel san Miguel, allá arriba, en el paraíso, defendió el honor de Dios contra Satanás y contra todos los otros espíritus rebeldes y, finalmente, los redujeron a la perdición y los relegaron al infierno?
Pues bien, has de saber que él es todavía poderoso contra Satanás y sus satélites, que su caridad no ha disminuido, y que ya nunca podrá dejar de defendernos.
Adquiere la buena costumbre de pensar siempre en él. Qué cerca de nosotros está ese espíritu celestial que, desde la cuna hasta la tumba, no nos deja un solo instante, nos guía, nos protege como un amigo, como un hermano; y debe ser siempre para nosotros fuente de consuelo, especialmente en nuestras horas más tristes.
(20 de abril de 1915, a
Raffaelina Cerase, Ep. II, 403)

¡Qué dulce es para el alma creyente esta gran verdad! ¿A quién puede, pues, tener miedo el alma devota que se preocupa de amar a Jesús, cuando tiene siempre consigo un guerrero tan insigne?
¿O acaso no fue él uno de los muchos que, junto al ángel san Miguel, allá arriba, en el paraíso, defendió el honor de Dios contra Satanás y contra todos los otros espíritus rebeldes y, finalmente, los redujeron a la perdición y los relegaron al infierno?
Pues bien, has de saber que él es todavía poderoso contra Satanás y sus satélites, que su caridad no ha disminuido, y que ya nunca podrá dejar de defendernos.
Adquiere la buena costumbre de pensar siempre en él. Qué cerca de nosotros está ese espíritu celestial que, desde la cuna hasta la tumba, no nos deja un solo instante, nos guía, nos protege como un amigo, como un hermano; y debe ser siempre para nosotros fuente de consuelo, especialmente en nuestras horas más tristes.
(20 de abril de 1915, a
Raffaelina Cerase, Ep. II, 403)
