«¡Qué alegría recibir el perdón! ¡Qué consuelo salir de la conversación con el confesor,
al que nos hemos presentado humildemente, y oírle decir: ‘Vete en paz, hijo mío.
¡Ánimo! Sigue tu camino con buena voluntad. Yo te absuelvo de tus pecados’»
Extractos de cartas del Padre Pío
(Recopilación: P. Gianluigi Pasquale en “365 días con el Padre Pío”)
Inquietarnos después de una acción porque no ha salido según la intención pura que se tenía no es humildad; es signo claro de que el alma no había puesto la perfección de su obra en la ayuda divina, sino que más bien había confiado demasiado en sus propias fuerzas.
Mi Raffaelina se preservará de esta secreta filosofía de Satanás, desechando sus sugerencias tan pronto como las haya advertido. La gracia vigilante del Señor te libere en todo momento de ser conquistada, incluso levemente, por ese espíritu maligno. Nunca es de poca importancia para un alma desposada con el Hijo de Dios haber caído, incluso en cosas pequeñas, en las malas artimañas de este terrible monstruo.
(17 de diciembre de 1914,
a Raffaelina Cerase, Ep. II, 273)